Todo…

Pasaban los días, meses, años….puestas de sol y lunas llenas, inviernos y primaveras, gélidos fríos y sofocantes estíos.

Todo tomaba el curso vital en su vida, todo encajaba de nuevo en su lugar correspondiente, la serenidad volvía a su cauce, lento e inexorable. La cotidianidad reaparecía tomando el control de su espontaneidad. El susurro de la ignorancia daba paso al grito esperanzador de la lucidez. Todo acariciaba de nuevo el color de la vida…

¿Todo?

Al mirar hacia su interior, descubría que ese todo no era real, que ese completo estaba inacabado, que esa estabilidad rezumaba opacas siluetas de un final no alcanzado, como si la historia de un libro infundiera a sus lectores la idea de una próxima continuidad, de una segunda parte esencial para dar fin a la primera.

En su mente, reconocía sin saberlo, que el resplandor de aquella historia aún le atormentaba. Como luciérnagas bailando una danza insinuadora, los reflejos de aquella vivencia aún revoloteaban por su ser, haciendo de lo pasado presente y de lo presente, algo absurdo de vivir, inútil de sentir y peligroso de soñar.

Durante años se había auto convencido de que debía encerrar en el arcón del olvido todo ese pasado, toda aquella experiencia y cerrarlo con la llave del desprecio. Pero una y otra vez su corazón hallaba la manera de abrirlo, de extraer cada segundo de aquello, haciendo que su cómoda existencia actual se viera intimidada por su inconsciente vida pasada.

Pero una vez más, alzó su mirada hacia el infinito, hacia el azul del cielo, hacia el más allá de su existencia y de nuevo encontró la paz que aniquilaba el desasosiego, que hundía el dolor y que volvía a encerrar ese trozo de su historia.

Una vez más, recordó que el pasado no se podía imponer a su presente y que ese rencor que sentía hacía él, se desvanecería entre las brumas del amanecer y entre el frescor que precedía al despertar de las estrellas.

Lejos de llenarse de melancolías absurdas, su espíritu, luchador e indomable, logró alzarse con la victoria y una vez más, pudo respirar el tierno aroma del presente y abrazarse al sugerente sabor del futuro.

Ahora si podía decir TODO, porque su TODO de ahora era su NADA del pasado.