MODA ANTI…

El individuo ha entrado en la era de la tecnología…el ser humano ha abierto la puerta del futuro…las criaturas que ocupan la cúspide de la pirámide del raciocinio han sido capaces de hacer llegar nuestros pensamientos, ideas, solicitudes, comportamientos, creencias y vivencias hasta lugares insospechados hace unos siglos.

Ahora no somos capaces de disfrutar el silencio, de extasiarnos con una buena melodía, de cerrar los ojos y sentir el susurro del aire, de derretirnos ante la mirada del otro. No somos capaces de saborear el placer de nuestro cuerpo en contacto con el mundo natural. La soledad en sí, como alejamiento social voluntario, es nuestra mejor defensa contra el virus de la sociedad actual. Sin embargo, necesitamos el beneplácito, el aplauso, el reconocimiento y la vigilancia consentida de nuestros congéneres de hábitat terráqueo.

Estamos tan inmersos en esa red que hemos tejido sobre nuestras vidas que sin ellas, nos sentimos desprotegidos, indefensos, en una palabra abandonados. Redes sociales las llaman. Yo las llamaría trampas sociales, pues manifiestan la oquedad de nuestras mentes. Es el lugar donde exponemos nuestras carencias para transformarlas en virtudes, donde plasmamos nuestros deseos para convertirlos en realidades, donde, en definitiva, escupimos nuestras banalidades para que no descubran nuestro verdadero yo. Nuestro avatar social es nuestra deseada réplica gráfica de una vida que no poseemos, sino que envidiamos. Y tras esa representación burda, somos capaces de cuestionar a los demás con el único fin de esconder nuestro yo. Nos permitimos el lujo de atacar, insultar, maldecir y arrastrar las opiniones de los demás, para imponer de un penoso modo hitleriano nuestras penosas y repugnantes debilidades.

Respeto, humildad, sencillez, honestidad, claridad y sobre todo HUMANIDAD.