Macabro Destino

Pensativo, taciturno, cabizbajo emprendía el camino de vuelta a su casa. La noche caía con su pesado manto sobre sus pensamientos. Sin ruidos, sin nadie con quien cruzarse, sólo podía oír sus pasos errantes, inseguros, inciertos…Su mirada perdida en la sombra que cada farola proyectaba de su figura sobre el suelo. Parecía como si su propio oscuro reflejo se le adelantara, como si le tomara la delantera para después quedarse tras él. El cielo plagado de estrellas luminosas, lejanas que le hacían sentir aún más desolado.

Se sentía solo, abandonado del resto de sus iguales, como si el mundo hubiera tomado un rumbo diferente al suyo, un camino habitado por toda clase de risas, alegrías, conversaciones, ilusiones y sueños. Sin embargo, su camino era una película en blanco y negro, una cinta muda, sin sonidos, sin música y en la que él era el único protagonista. Pensaba en su vida y no sabía si calificarla de tragedia o por el contrario de una burda comedia sin sentido ni argumento.

Seguía caminando, pensando y recreándose en su soledad. Siempre había sido su sueño….la soledad, la lejanía, la ausencia de contacto con el resto de la humanidad. Y ahora sentía como si el resto del universo se hubiera olvidado de él….¿de qué se quejaba? Si es lo que siempre había deseado, siempre había sido el estado perfecto en su mente….la soledad. Y ahora, el momento en el que su única compañía era la ausencia de la misma, parecía como si le hubiesen condenado al destierro del ser humano.

Una pareja, agazapada al amparo de la oscuridad, daba rienda suelta a sus sentimientos. “¿Por qué se les veía felices, por qué sonreían, por qué palpaban sus pieles mientras unían sus labios humedecidos de pasión? ¿Por qué ellos sí y él no?”, pensaba. Y tristemente se auto convencía de que ese guion no había sido escrito para él, que esa escena no estaba diseñada para su vida. Y tristemente esbozaba una sonrisa forzada, llena de melancolía, como una forma absurda de convencerse de que la vida no estaba hecha para él.

Este mundo no es el mío, estas criaturas que se me cruzan no son de mi mundo, esta belleza natural del negro espacio no era la cubierta de su hogar. “Yo no he nacido para ser el juguete de los demás….”, se decía a sí mismo para no caer en la realidad de su podrida existencia.

Siguió su camino, un camino triste, árido, una línea recta hacia su propia meta, inventada por su subconsciente para no dejar pensar a su corazón, que balbuceaba ritmos de decadencia. Siguió su camino, sin saber dónde le llevaría. Simplemente adelantaba un pie y retrasaba el otro, sin rumbo, si deseos de llegar, sin meta…sin futuro.

De repente se encontró con una total oscuridad en su mente, en el más absoluto vacío emocional….nada a su alrededor, nada en su interior, nada a lo que aferrarse, nada donde cobijarse…

Siguió  caminando y como única compañera la frialdad de las lágrimas que se deslizaban desde sus apagados ojos……Soledad y oscuridad………sus ansiadas asesinas….