“….3, 2, 1 Ignition”

Tras la cuenta atrás, se produjo un estruendo y una llamarada de luz y fuego empujó al cohete hacia el cielo. Lo atravesó dejando tras de sí una estela brillante, mientras las miradas, protegidas tras la pantalla, veían como se perdía en la inmensidad del celeste.

Dentro, su único tripulante, nervioso y aturdido, soportaba la inmensa vibración de los potentes cohetes apostados a los lados de su pequeña cápsula. En pocos minutos, su ventanilla se iba oscureciendo, pasando de un azul intenso a un negro penetrante. Todo se hizo oscuridad.

Emocionado con su viaje, su mente viajó a sus últimos minutos con su familia. Su despedida de su compañera y de su pequeño hijo, con ojos llenos de lágrimas ella, y de admiración él. Abrazos, besos, miedos…sentimientos encontrados bañados con la emoción del viaje que le esperaba.

Meses atrás, le habían comunicado la noticia de que había sido el elegido para esta misión. No era una misión más, sino la misión. Debía viajar a un nuevo planeta donde estudiar la atmósfera para una futura colonización humana, comprobar que  las condiciones eran las adecuadas para la vida.

¿Qué era la vida? ¿Cómo sería comenzar una nueva colonización? ¿Cómo sería esta futura nueva civilización en un planeta desconocido? ¿Cuáles deberían de ser las normas de convivencia para erradicar los errores de la antigua vida en la Tierra?

Todos estos pensamientos explotaban en su mente, sintiendo una abrumadora responsabilidad de ser el primer humano  en habitar este nuevo espacio para la vida.

La vida….qué habíamos hecho los seres humanos con la vida en la Tierra. Se nos había entregado un mundo limpio, en paz, con paisajes idílicos, con mares y ríos desbordando vida. ¿Qué habíamos hecho para convertir nuestra vieja Tierra en un vertedero de desechos, de desperdicios, llenos de nuestras inmundicias, arruinados por nuestra idea de ser dioses, de crear o destruir vidas? Especies perdidas, miles de seres muertos, bosques talados y mares hechos miseria.

¿Acaso el Creador había puesto en este paraíso al ser humano para que destruyera en unos siglos lo que había creado para nosotros con tanto amor y cariño?

Amor….el ser humano había convertido esta palabra en algo sucio, envenenado, corporal. El amor se había convertido en una palabra descarnada de toda pureza, de toda entrega, de toda actitud de ayuda al ser amado. Nuestro creador había insuflado al ser humano con la capacidad de amar, con el fin de que nuestros sentimientos fueran de bondad y sencillez. Y nosotros lo habíamos transformado en el pretexto para hacer de la otra persona, nuestra esclava o nuestro objeto de deseo carnal.

Las peores amenazas contra el ser humano se habían convertido en realidad, y ahora vagábamos por suelos llenos de sangre y dolor, de podredumbre y pestilencia.

Y ante esta situación, los líderes políticos, estos seres auto proclamados dioses, señores de la vida y la muerte, del poder económico, habían reaccionado y decidido que había que empezar de cero. Había que crear un nuevo paraíso donde el hombre volviera a tener la oportunidad de empezar, alejado de todo mal, de toda envidia, de toda vergüenza y de toda mentira.

¿Sería capaz el hombre y la mujer de volver a empezar, de alejarse de la tentación del poder, del rencor y de la maldad? ¿Podrían crear un mundo de amor, carente de corrupción y lleno de paz?

Mientras seguía atravesando la negra extensión del cosmos, su mente dudaba de estas buenas intenciones. No creía que el ser humano pudiera cambiar y volver a empezar. El mal estaba inserto en nuestro adn, en nuestras células, era parte de nuestra vida y nacíamos ya con él. Pensaba en su pequeño hijo, en su inocencia, en su sonrisa, en su imaginación. ¿Por qué no podíamos ser eternos niños? ¿Por qué no podíamos aprender de ellos, en lugar de enseñarles nuestras más abominables maldades? Ellos deberían gobernar el destino de la humanidad, su sencillez debería guiar la redacción de unas nuevas leyes que rigieran el nacimiento del nuevo ser humano.

A medida que se alejaba de nuestro planeta, entendía lo pequeño que era el ser humano y lo grande que se imaginaba ser. ¡Pobres mortales que os creéis el centro del universo, y no sois más que una pequeña mota de polvo en un rincón del universo. Nos crearon como un habitante más de este mundo y nos hemos erigido como los señores del planeta. Pobres insensatos que no comprendéis lo ínfimos que en verdad somos.

Ahora, él era el nuevo Adán que debía comenzar una nueva civilización y preparar el camino para que la futura Eva pudiera comenzar a dar vida en el vacío.

Suculento manjar al que había sido invitado sin esperarlo….¿sería capaz de engendrar la bondad, el amor, la paz, el cariño y el perdón en este nuevo paraíso alejado del vertedero en el que se había convertido el anterior?

¿Por qué debería el ser humano esperar a que este precioso planeta sucumbiera ante la amenaza de sus pobladores? ¿Por qué no podemos recrear ese paraíso en el que habíamos sido alojados? ¿Por qué no empezamos por nuestros vecinos, amigos o familiares y destinamos nuestro odio hacia el fondo del olvido?

Miró una vez más por la ventanilla de su cápsula, un segundo antes de que una explosión lo destruyera a él y a su Arca…..

En la Tierra, reinó el silencio y la consternación…alguien balbuceó en algún canal, “…¿será este desastre, la oportunidad para que veamos que la solución está aquí y en nosotros….?”