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VIP

– ”Papá, tu que eres Licenciado y trabajas como profesor, ¿cuánto ganas al mes?

  • ¿Por qué, hijo?
  • Porque he leído esta noticia…..

Cuando oyes una pregunta como ésta, no puedes remediar la cara de frustración, desgana e incredulidad ante la situación social en la que vivimos. Me pregunto si en lugar de inculcar en mis hijos la constancia en el trabajo, la necesidad del estudio y el trabajo diario, la perseverancia y el afán de superación individual, no tendría que haberles enseñado el arte de las “malas artes”, la cultura del engaño, del robo y de la sinvergonzonería política, de la mentira y del amor al dinero ajeno, al poder y a la envidia, que se salda con el esfuerzo desmesurado por poseer más que tu prójimo.

Tendríamos que preguntarnos dónde están esas personas a las que se les etiquetaba como VIP, es decir “very important person”, término usado en la antigüedad para personas que ostentaban altos cargos a servicio de la sociedad o incluso para aquellas personas que poseían una trayectoria extensa de colaboración y ayuda en favor de sus iguales. Ahora etiquetamos bajo esta denominación a todo aquel sinvergüenza que ha robado, timado, engañado y usurpado.

La sociedad está tan deteriorada que actualmente pagamos con el dinero de la publicidad, es decir, con el dinero recibido por nuestras compras de subsistencia, a una serie de “señores” que son adorados como dioses por su trayectoria delictiva. En lugar de ser encarcelados por sus crímenes, reciben una cuantiosa suma de dinero, que puede llegar a ascender hasta los tres mil euros diarios por participar en una mascarada pública donde sin miramiento alguno, se ríen del resto de españoles que cada día nos esforzamos por aportar nuestro granito de arena para que la sociedad siga avanzando.

En lugar de avanzar, estamos dando pasos hacia atrás, hacia el principio de la humanidad, donde éramos animales cuyo único fin era cazar para poder sobrevivir. De nada sirve nuestros avances tecnológicos, nuestros descubrimientos científicos ni nuestra llegada a un nuevo siglo.

Somos espectadores impasibles de una penosa obra de teatro, por la que pagamos para presenciar y de la que nuestra única moraleja se basa en la miseria llevada a su mayor grado.

Quiero aquí mostrar mi más tremenda repulsa a estos “personajillos” que se alimentan con la desgracia de las familias sin hogar, de los pobres trabajadores que cada día se parten la espalda para llegar a fin de mes, de los estudiantes que se pasan las horas intentando sacar una carrera que en la mayoría de los casos ni la pondrán en práctica, de tantos talentos que emigran por falta de reconocimiento y en general de esa sociedad que habita a la sombra de los ladrones con corbata y maletín, de los delincuentes con cargos VIP, y en general de los desarrapados que nos dirigen.

Termino con una estrofa de una persona a la que seguro no calificaban como VIP, Don Francisco de Quevedo y Villegas:

 

Madre, yo al oro me humillo,

Él es mi amante y mi amado,

Pues de puro enamorado

Anda continuo amarillo.

Que pues doblón o sencillo

Hace todo cuanto quiero,

Poderoso caballero

Es don Dinero.

SANLÚCAR

Sentado ante ti descubrí la paz….sentado ante ti vislumbré la serenidad…aquí, sentado ante ti alcancé a hacer real la silueta de la belleza. Te busqué por innumerables parajes y lugares, pero en cada uno de ellos, aun siendo más sorprendentes que los anteriores, no hallaba esa pieza del puzle que completaría el marco de mis sentidos. Ahora, ante ti, encontré esa pequeña pincelada que le faltaba a mi cuadro, ese hueco que no conseguía rellenar con ningún rincón del universo.

Te miro y cumples los deseos de cualquier artista en búsqueda de su obra maestra. Tierra de marinos, campesinos y señoríos a lo largo de toda tu historia. Los más célebres dibujaron con sus palabras tu encanto, los más aventureros se despidieron de ti para descubrir esos nuevos mundos inexplorados, los más avispados surcaron tu entrañas y saciaron la sed del caminante, los más ilustres te convirtieron en su hogar y ahora, yo, el más insignificante de los mortales, anoto en la bitácora de mi vida, la llegada a tu reino.

Bosques, arenas, campos y marismas se apostan a los bordes de las lágrimas de Cazorla, para conducirte y guiarte entre sus orillas hacia la mar indomable. Sinuoso recorrido entre paisajes paradisíacos adornan la corona de la Señora del mar. Esbeltos y coquetos los pinos conducen al caminante ante la Señora de las marismas. Quiso el Todopoderoso recrearse en tu diseño para dar a los sentidos la paz de la belleza.

Ahora aquí, sentado ante ti, llega a mi mente la sabiduría que culmina mi búsqueda. Sanlúcar, tierra, mar y cielo convergen ante ti para cubrir de majestuosidad tu belleza sin igual.

Y al ocaso de la vida, bañado por tu crepúsculo, observando como el astro rey se sumerge en tu horizonte, anoto mi última entrada en mi diario de viaje: Sanlúcar, tierra ansiada, conquistaste mi corazón y sedujiste mi alma. Ahora sé, lo que había estado buscando durante mi incansable caminar, la materialización del paraíso terrenal.

Sentado ante ti, relajo mi alma y descanso mi ser…

MIENTRAS…

Paz, serenidad, relajación, sensualidad…a tu lado el mundo cobra vida, la vida cobra sentido y mis sentidos se unen a los tuyos. Al pensar en ti, se alivia el cansancio, se atenúa el dolor y se abre la esperanza. Al mirarte, tiembla mi mirada, suspiran mis ojos y renace mi ilusión.

Secreto admirador de tu persona, deambulo por este mar de tinieblas, hasta que mi mirada se cruce con el fulgor de la tuya. Mi razón me insiste en que no existes y mi corazón me suplica tu búsqueda. Con paso firme me adentro en lo más íntimo de mi ser para buscar alguna pista en mi pasado, para saber si alguna vez estuviste en él o si por el contrario, eres sólo un deseo exacerbado de mis ilusiones rotas.

Extiendo mi mano para rozar tu pelo, y al deslizarla por él, crees acariciar la cresta de una ola, pero lenta y tristemente mis sentidos se hunden en ella y me ahoga tu ausencia. ¿Existes o sólo eres el anhelo de un pobre vagabundo de corazón?

Cierro mis sentidos y se me eriza la piel al notar tu benévolo y cálido tacto. Me creo flotar cuando oigo el leve susurro de tu voz en mi oído….suspiro al sentir tus labios cerca de mis ojos y entro en éxtasis al oler esa fragancia que te precede, que te acompaña y que es como ese delicado olor después de una suave lluvia sobre la hierba, como la sensación al notar el frescor de una temprana primavera.

¿Existes o sólo deseo que lo hagas?  ¿Estás aquí o sólo eres fruto de mi desconsolada existencia? Temo abrir mis sentidos y notar tu lejanía. Tiemblo al pensar que al dejar que mis ojos te miren, terminen buscándote….la niebla de tu presencia resbala serena y calma por mi piel…mi sangre, helada, busca los rincones de mi mente para traerme al cruel mundo de los no visionarios, de los no soñadores, al triste y parco mundo de nuestra melancólica existencia.

Te sueño en mi realidad y mi realidad te sueña en mi tristeza. Sé que un día cualquiera de mi agónica vida, mi corazón se parará al cruzarse con el tuyo, y será entonces cuando la vida vuelva a mí. Mientras, sigo buscándote en silencio, con la eterna añoranza y la triste melancolía de mi pasado.

Sé que existes, al menos en mi corazón. Y eso me da fuerzas para dar un paso tras otro hacia tu encuentro.

Mis sentidos se alejan de mí como lo haría un rastreador en busca de indicios, señales sensoriales que me confirmen que pronto estarás aquí.

Mientras, vuelo en círculos hacia tu vida…mientras, sigo errando en mis decisiones…mientras, camino hacia ningún sitio….mientras…..

¡AL FIN…!

Liberado de mis ataduras, desnudo de mis ropajes, sin la esclavitud de la incertidumbre, alejado del hipócrita y sentado con mi soledad.

Adentrándome en las ilusionantes autopistas de mis sueños y encaramado al precipicio de mi imaginación.

Viajo sin equipaje, camino sin calzado y duermo sin lecho. Siento sin añorar y amo sin sufrir. Vuelo sin alas y caigo sin paracaídas. Me alejo sin andar distancia y regreso sin avisar. Me despierto abrazado a mi ilusión y me duermo soñando con mi despertar.

Llegado a este punto de sabiduría, me reconforta haber disfrutado del sufrimiento, haber amado sin respuesta y entregado sin recompensa. Ahora sé que todo era una prueba, un entrenamiento para alcanzar mi madurez. Ya no me asusto del miedo ni huyo del contrario. No busco y si encuentro, lo dejo pasar. En este estado de sublime paz, no echo de menos la pérdida ni añoro la ganancia.

Con la mirada perdida, busco incesante en mi interior la paz de mi exterior. Sereno, relajado y sonriente mi corazón me muestra la verdadera inteligencia necesaria para entender mi alrededor.

Armonía de mente y paz de alma. Resuena en mí el sonido del lejano pasado, las olas van y vienen a mi perdida playa. El sol ilumina mi piel quieta y la brisa alisa mi aliento.

Si quieres venir, bienvenido pero si quieres marchar, cierra al salir.

Si me aceptas, te miro, si me criticas te ignoro y si me ignoras…..si me ignoras te lo recompensaré con mi más tierna sonrisa.

Bailaré al son de mi música, cantaré al compás del latir de mi corazón y sentiré la respuesta de la naturaleza a través de mis sentidos. No me busques, no me llames, déjame en la alcoba de tu olvido, porque si fuiste algo ayer, hoy ya no te siento. Silueta difuminada de mi pasado, te desvaneces como el sonido en la lejanía. No pronuncies mi nombre a no ser que seas mi propio eco rebotando en la pared de mi olvido. No más lamentaciones vacías ni llantos resquebrajados.

Aquí, con mi espíritu renovado, sólo veo si cierro mis ojos y sólo hablo si sello mis labios.

¡Los cuentos de hadas existen!

Dices cada noche, entre destellos de luna,

Mientras miras más allá de la piel.

“La vida sólo sonríe a oscuras”

Sueltas sin pensar en que tu mirada

Ilumina todo lo que abarca

Y que tu sonrisa

Es vida sin depender de dónde se encuentre.

Vives corriendo

Buscando encontrar

Un indicio de vida más allá de tu puerta

No sueñas de día

Ni duermes de noche.

Vas por París

Sin pensar que eres como Roma:

“Estás en ruinas”

Pero buscas luz,

Como buscas amor en cada caricia

Que cualquiera

Suelta en tus sábanas.

M.G.(ALUMNA 4º ESO)

A menudo me pregunto “¿Cómo se sentirá el ser una persona normal y corriente?” No soy nadie especial simplemente soy otra persona víctima de la sociedad y sus comentarios y expectativas dolientes. Pero mi mente llega hasta lugares con los que pocas personas puedan siquiera soñar con llegar. Noto como poco a poco me hundo a mí misma en una soledad e interiorismo anormales para una persona de mi edad. El negativismo no me deja avanzar y evolucionar como persona y la soberbia me enseña que no tengo por qué hacerlo, que soy una persona maravillosa en mi especialidad y que no me tienen por qué afectar lo que los demás digan de mí. Mi parte realista y herida desterró de mí, ya de por sí, negro corazón, a esa niña con ilusiones que ve el mundo de colores. No quiero cambiar ni lo pienso hacer y no dejaré que las críticas, poco constructivas de las personas que están relacionadas conmigo, me afecten. Pero claramente yo, como todo ser humano, tengo curiosidades y sentimientos, que dejo salir a la luz cuando las murallas de piedra en las que me escondo se derrumban. Yo también me paro a pensar y meditar sobre mi vida y preguntas como “¿cómo se sentirá ser feliz por una vez?” salen a la luz. Si soy sincera conmigo misma, no puedo evitar sentir que molesto a cada persona que pasa por mi lado, que no encajo con ningún grupo en concreto ni con los humanos en general. No soy una persona social, pero tampoco me considero una persona asocial, no me encierro en mis propios sentimientos y a veces los llego a expresar a la persona que en aquel momento tenga más afinidad; pero tampoco dejo que alguien “se acerque” demasiado a mí, ya que pienso que todos me quieren hacer daño y por eso se comportan tan amablemente conmigo. Carezco de empatía a la hora de decir la verdad y a veces puedo llegar a ser hiriente sin querer, o sin darme cuenta. Mi mentalidad madura provoca las críticas de los que no comprenden tecnicismos tan sencillos como “inepto”. “Tengo que ser fuerte” me digo a mí misma una y otra vez, pero por más que me lo repito sin desmayo, no puedo conseguirlo, no tengo fuerzas, ya mi única escapatoria es la muerte, pero soy demasiado cobarde para tomar medidas tan desesperadas, necesito a alguien, a alguien que esté a mi lado, pero mi soledad continúa desde mi niñez, la falta de cariño y la ida de mis seres queridos me han hecho una persona arisca, poco cariñosa y cerrada a cualquiera. Esa es mi vida, a algunos le hará gracia, a otros le conmoverán y a mí…a mi simplemente me hace daño.

E.M.(ALUMNA 3º ESO)

Dicen que la única forma de dejar de sentir es olvidando, pero ¿Cómo me olvido de mí misma? Desde que te fuiste, soy náufraga en el barco de papel que creaste con tus labios, y ya no sé si gritar auxilio o dejarme hundir. Quizá la vida manda más que las olas del mar, indicando nuevas direcciones que tomar sin desvelar qué camino lleva de vuelta a la civilización, o cuál de ellos es el suicida. Tan suicida como la saliva que recorría tu cuerpo cada noche antes de que empezaras a reír. Cómo me duele recordar tu risa sin una dosis de anestesia. Puede que ese sea el precio a pagar por todo esto, por permitirme perderte. Puede que mi condena sea pasar a ser dependiente de tu risa y tu mirada de por vida, necesitando cada día una nueva forma de respirar de cada gesto que llevas a cabo, necesitando el agua que refrescaba mi vida. Cada mañana sigo despertando deseando volver a ver el sol, sin darme cuenta que te llevaste el verano contigo cuando te marchaste. No hay verso en mi vida que no lleve tu nombre, al igual que no hay segundo que no desee tu regreso. Hoy he decidido escribirte esto porque es la única forma en la que me siento a tu lado, volviendo a esos días en los que escuchábamos a Andrés y leíamos a Neruda, siendo felices por encima de cualquier catástrofe mundial que sucediera. No me queda otra cosa que pedirte que vuelvas, suplicándote perdón por los errores del pasado. Prometo no dejarte volver a ser nunca un pájaro atrapado en la nieve, amor mío. Vuela, pero siempre a mi lado.

M.G.(ALUMNA 4º ESO)

BLANCO CORCEL

A su edad, temprana para poder considerarla madura, se había visto obligada a sufrir los avatares más negros de la vida. A su edad, libre aún de las ataduras que nos impone el ser adultos, se había visto impregnada de la oscuridad del dolor. A su edad, lejos aún de la esclavitud de la responsabilidad, había vivido el silencio de la madurez. Ya no disfrutaba de la ilusión de soñar, ya no viajaba a lugares inexistentes en la realidad, ya no inventaba historias donde era la protagonista de su propio cuento. Su vida tenía matices propios de haber sufrido desde la más tierna edad. Su rostro reflejaba el cansancio de su corta vida. Ya no esperaba príncipes que miraran a sus ojos, ahora irritados del llanto constante por la impotencia que le imponía la masacre de su derrota. Desde la penumbra de su encierro, veía pasar un segundo tras otro, sin ilusión, sin esperanza, sin futuro. No se arrepentía de sus errores, ni buscaba culpables a su alrededor. No pedía el indulto, ni increpaba a su verdugo. No arremetía contra su pasado pero tampoco se asía a su futuro. Ese caballo blanco al que se había subido, para galopar libre por las inmensas praderas de su ilusión, fue el principio de su inevitable catástrofe personal. Ese consejero al que acudía cada vez que en su entorno más íntimo saltaba la chispa que quemaba sus ilusiones. Fue su decisión, su trágica decisión, que no lamenta pero sí la sufre. Ahora, tras ver deshojada su inocencia, llora amargamente sin lágrimas, sin suspiros, en silencio, a solas. Sobre su mesa, una fina línea blanquecina que la llama con insistencia, como apoderándose de su voluntad. Sus ojos vencidos por la amargura, sus manos resquebrajadas por la impotencia de su corazón, sus labios secos por la escasez de palabras y su corazón, ahora destrozado, se rinde, se humilla, se arrodilla. Sólo esta vez….pero su alma, ahogada por el incansable hastío de la desolación, estalla en mil pedazos. Ya no habrá otra oportunidad. Tras el amargor de verse nuevamente vencida, llega la paz, la liberación. Entorna sus ojos y se deja caer. El último suspiro de su destrozada inocencia, vuela hacia la única luz que encontró en su vida….la huida.

 

¡OLVÍDAME!

Ojalá no hubiera….quizás si no….en vez de aquello….cuánto daría por no haber….si hubiese sabido…no debería haber….

Débil silueta es la imagen de nuestro pasado. Un pasado constantemente convertido en presente. Nos emociona rememorar todas esas batallas del pasado, pero no guerras ganadas, sino nuestros fracasos, nuestras equivocaciones y nuestros errores de antaño. Nuestra mente vuela constantemente a esos rincones oscuros, iluminados por la sinuosa luz de nuestro propio auto convencimiento. Queremos rememorar el pasado para justificar nuestro triste presente, y no nos damos cuenta, que esa amargura actual sólo proviene de la remembranza de nuestro tiempo anterior.

Si sólo convirtiéramos nuestro presente en el cultivo de nuestro futuro, dejaríamos aislados los negros rayos de un tiempo anterior.

“Cualquier tiempo anterior fue….”. No, cualquier tiempo anterior sólo es eso, ANTERIOR. Es nuestra experiencia vivida, pasada, acabada, guardada y encerrada.

Vivamos mirando hacia lo que tenemos ante nuestros ojos…vivamos contemplando nuestras actuaciones presentes…vivamos recreándonos en este segundo, no en el anterior, ni en el siguiente, sino en el momento en el que cogemos aire e inflamos nuestros pulmones de vida, nuestros ojos de luz y nuestra mente de realidad.

Acabemos con el auto arrepentimiento de hechos que no fuimos capaces de acabar, porque de ser así, mañana volveremos a decir,

Ojalá no hubiera…..

MODA ANTI…

El individuo ha entrado en la era de la tecnología…el ser humano ha abierto la puerta del futuro…las criaturas que ocupan la cúspide de la pirámide del raciocinio han sido capaces de hacer llegar nuestros pensamientos, ideas, solicitudes, comportamientos, creencias y vivencias hasta lugares insospechados hace unos siglos.

Ahora no somos capaces de disfrutar el silencio, de extasiarnos con una buena melodía, de cerrar los ojos y sentir el susurro del aire, de derretirnos ante la mirada del otro. No somos capaces de saborear el placer de nuestro cuerpo en contacto con el mundo natural. La soledad en sí, como alejamiento social voluntario, es nuestra mejor defensa contra el virus de la sociedad actual. Sin embargo, necesitamos el beneplácito, el aplauso, el reconocimiento y la vigilancia consentida de nuestros congéneres de hábitat terráqueo.

Estamos tan inmersos en esa red que hemos tejido sobre nuestras vidas que sin ellas, nos sentimos desprotegidos, indefensos, en una palabra abandonados. Redes sociales las llaman. Yo las llamaría trampas sociales, pues manifiestan la oquedad de nuestras mentes. Es el lugar donde exponemos nuestras carencias para transformarlas en virtudes, donde plasmamos nuestros deseos para convertirlos en realidades, donde, en definitiva, escupimos nuestras banalidades para que no descubran nuestro verdadero yo. Nuestro avatar social es nuestra deseada réplica gráfica de una vida que no poseemos, sino que envidiamos. Y tras esa representación burda, somos capaces de cuestionar a los demás con el único fin de esconder nuestro yo. Nos permitimos el lujo de atacar, insultar, maldecir y arrastrar las opiniones de los demás, para imponer de un penoso modo hitleriano nuestras penosas y repugnantes debilidades.

Respeto, humildad, sencillez, honestidad, claridad y sobre todo HUMANIDAD.