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¿CISNE O PATITO FEO?

Querido diario,

Hoy lunes 3 de febrero me he levantado feliz, contenta, ilusionada. No sé por qué, pero es como si este nuevo día fuera distinto a los demás, a todos los lunes que han pasado en mi vida, a todos esos momentos vividos, hoy es una mañana diferente, nueva, con color y claridad.

Llegué al colegio como todas las mañanas, caminando, disfrutando de la mañana, acompañada de mis amigas. Reíamos de nuestras cosas y nos contábamos cómo nos había ido el fin de semana. Algo tonto, porque habíamos estado juntas todo el sábado y el domingo. Pero seguíamos ese ritual donde contábamos las cosas como si le hubieran pasado a otras personas.

Pero querido diario, dime tú qué es una amiga, dímelo tú después de tantas y tantas veces como te he hablado de ellas. De verdad son estas chicas mis amigas o sólo están conmigo porque nos divertimos, porque lo pasamos bien o por el contrario, crees que estarían ahí en otros momentos menos felices o con más dificultades. No lo sé pero yo creo que no. Muchas veces me planteo lo que es la amistad. Sí, lo sé, sólo tengo 15 años y no debería cuestionarme estas cosas, pero me da miedo pensar que cuando pasen estos momentos, me veré sola y sin nadie a quien contarle mis penas, mis sentimientos o lo que me preocupa.

Muchas veces me miro al espejo y pienso que si fuera más fea, o más baja o menos atractiva, si estarían conmigo todas estas personas.

Hoy me ha saludado el chico guapo de la clase, y además me ha llamado por mi nombre, ¡se ha acordado! Me dijo: “Lucía, ¿tienes la tarea de mates?”.  Y yo no supe qué responder, me quedé embobada mirándolo, pensando en cómo sería si saliéramos juntos, no en pandilla, sino como pareja. Lo sé, querido amigo diario, mi madre siempre me dice que soy muy joven para atarme con un novio. Y a veces pienso que es verdad, pero es que todas mis amigas los tienen.

Pero por otro lado, no quiero ser sólo la chica guapa de la clase, la rubia de pelo largo a la que todos los chicos miran, ¡la envidia de las otras chicas! Eso soy yo, sólo una persona envidiada porque en la ruleta de la suerte me ha tocado ser atractiva. Pero no miran las horas que paso estudiando, o que siempre atiendo en clase, o que ya tengo claro lo que quiero estudiar para el año que viene. ¿Eso no es importante? ¿Lo ganaré todo en la vida sólo con ser guapa? Pero, aunque sea demasiado joven, también pienso en que cuando los años pasen, mi piel no estará tan tersa como ahora, mi pelo quizás no sea tan bonito y sedoso como ahora, o quizás mis ojos no llamen tanto la atención. Entonces, ¿Qué haré? ¿Qué voy a hacer en ese momento? Ya no seré la chica guapa de la clase y la vida me exigirá lo mismo que a los demás, la vida me tratará con la misma dureza que al resto de las que se creían menos atractivas, el futuro no puedo basarlo sólo en mi belleza, en mi frescura de juventud, ni en las amistades que tengo ahora. El futuro me pondrá una meta y yo sólo llegaré a ella con mi esfuerzo, con mi trabajo, con mis estudios. La vida no es una pasarela donde las modelos desfilan eternamente. La vida no es un concurso de belleza sino un desafío  de talentos, de constancia y sobre todo de voluntad.

En fin querido diario, ya sé por qué hoy iba a ser un día distinto, y no es porque el chico guapo se acordara de mi nombre, sino porque por fin entendí el verdadero mensaje de mis padres. Lo sé, mañana tendré que actuar nuevamente en esta película que es la juventud y seré la mejor actriz interpretando el papel de la chica mona. Pero por eso, para que no me consideren la niña rara, te lo cuento a ti, en secreto, para que nadie sepa que yo soy distinta. Es triste, lo sé. Es muy lamentable que tengamos que representar el papel de alegres, que no nos preocupa nada y que no pensamos nada más que en divertirnos. Pero también es muy triste ver como a las personas,  que sí son valientes para mostrar lo que de verdad son, las dejan de lado, las apartan y las marginan como bichos raros, como monstruos de feria y que son el hazmerreír del lamentable público que las rodea. Me duele ver este patético espectáculo, pero no tengo el valor suficiente para defenderlas y gritarles que yo también soy así. Prefiero esconder mi verdadero yo antes que perder mi reputación. Te doy toda la razón, amigo diario, al final soy igual que esas a las que critico. Pero ¿qué puede hacer una sola persona contra todo esto, acaso yo voy a cambiar el mundo, crees por casualidad que mis actos arreglarían algo?…..

Años más tarde, Lucía escribió una nueva entrada en su diario.

Querido diario, ojalá yo hubiera hecho algo en aquel momento con esas chicas. Hoy mi hija ha venido llorando, desconsolada y totalmente hundida porque en la clase se ríen de ella. Ahora sí creo que los actos de una persona pueden cambiar el mundo que le rodea……

En la vida jamás podremos estar a salvo de ninguna circunstancia. Intenta hacer lo que debas ahora y no lo dejes, porque el destino es tan caprichoso que mañana puedes ser tú el patito feo……

La chica del espejo

“Que se ha de hacer, señor; asi es la vida”, se repetía una y otra vez, y hasta la saciedad, como recurso para engañar a su maltrecha existencia, a su desconsolada experiencia en la vida que a su corta edad, ya se le antojaba caprichosa y cruel.

Cercana a los quince años, Noelia no encontraba una razón para estar alegre, para sonreír y mucho menos para querer vivir. Su día a día era una incesante lucha contra la sociedad, y lo que era aún peor, contra ella misma.

Escondido tras una sábana blanca, arrugada y llena de agujeros, se escondía el único espejo que había en su habitación. Era su única forma de no tener que enfrentarse al crudo reflejo de su apariencia, la única forma de vencer, al igual que un avestruz, a la mirada de su yo reflejado, de esa persona con anchas caderas, granos en la cara, piernas cortas y rollizas y unos brazos anchos. Cuánto odiaba a esa joven que veía en el espejo, ¿por qué tenía que parecerse a ella?, ¿por qué el espejo no le daba la imagen que deseaba observar?, ¿por qué la chica del espejo la miraba tan seria y siempre con lágrimas en los ojos?

Es que acaso ella no era igual, con su mismo cuerpo…la veía llorar, pensaba, porque lo que ella podía ver a través de la reflejada realidad del espejo, no era de su agrado.

Estos eran sus pensamientos y sus luchas internas cada vez que se obligaba a mirar al otro lado del maldito cristal. Por eso, lo tenía casi siempre cubierto y escondido. Si no la veía a ella, ella tampoco podría verla y como repetía siempre su madre : “Ojos que no ven, corazón que no siente”.

Pero ella sabía que no, que su corazón seguía sufriendo, que sus sentimientos siempre la obligaban a llorar y que sus ojos, siempre apagados, sólo reflejaban la tenue luz que se atrevía a entrar por entre sus cortinas, siempre a medio cerrar.

Cada día más delgada, sin forma, sin fuerzas, sin alimentos ingeridos, sólo alguna chuchería que había oído que la haría adelgazar. Miraba sus manos huesudas, su brazos con una fina lámina de piel sobre ellos, sus piernas con la única voluptuosidad de los huesos que asomaban tras su piel, ahora ya demacrada y sin vida.

Y sin embargo, una y otra vez, el espejo le transmitía la misma imagen de ella. Sólo veía pliegues en su piel, brazos enormes y una cara redonda y casi sin cuello…….

¡Ay pobre chica, de quince años, que ves en el espejo el reflejo de tu mente y no la belleza de  la realidad de tu vida!. Pobre joven que usas el espejo como una fotografía fija y que no te das cuenta de la muerte que te rodea bajo tu piel.

Si sólo fueras capaz de ser tú, verías que la vida corría en un tiempo por ese cuerpo bello y saludable que un día recubría tu alma.

Ahora, con la sábana caída en el suelo, la chica del espejo yace inerte a sus pies. Se fue tu vida, tu juventud y tu alegría….

Macabro Destino

Pensativo, taciturno, cabizbajo emprendía el camino de vuelta a su casa. La noche caía con su pesado manto sobre sus pensamientos. Sin ruidos, sin nadie con quien cruzarse, sólo podía oír sus pasos errantes, inseguros, inciertos…Su mirada perdida en la sombra que cada farola proyectaba de su figura sobre el suelo. Parecía como si su propio oscuro reflejo se le adelantara, como si le tomara la delantera para después quedarse tras él. El cielo plagado de estrellas luminosas, lejanas que le hacían sentir aún más desolado.

Se sentía solo, abandonado del resto de sus iguales, como si el mundo hubiera tomado un rumbo diferente al suyo, un camino habitado por toda clase de risas, alegrías, conversaciones, ilusiones y sueños. Sin embargo, su camino era una película en blanco y negro, una cinta muda, sin sonidos, sin música y en la que él era el único protagonista. Pensaba en su vida y no sabía si calificarla de tragedia o por el contrario de una burda comedia sin sentido ni argumento.

Seguía caminando, pensando y recreándose en su soledad. Siempre había sido su sueño….la soledad, la lejanía, la ausencia de contacto con el resto de la humanidad. Y ahora sentía como si el resto del universo se hubiera olvidado de él….¿de qué se quejaba? Si es lo que siempre había deseado, siempre había sido el estado perfecto en su mente….la soledad. Y ahora, el momento en el que su única compañía era la ausencia de la misma, parecía como si le hubiesen condenado al destierro del ser humano.

Una pareja, agazapada al amparo de la oscuridad, daba rienda suelta a sus sentimientos. “¿Por qué se les veía felices, por qué sonreían, por qué palpaban sus pieles mientras unían sus labios humedecidos de pasión? ¿Por qué ellos sí y él no?”, pensaba. Y tristemente se auto convencía de que ese guion no había sido escrito para él, que esa escena no estaba diseñada para su vida. Y tristemente esbozaba una sonrisa forzada, llena de melancolía, como una forma absurda de convencerse de que la vida no estaba hecha para él.

Este mundo no es el mío, estas criaturas que se me cruzan no son de mi mundo, esta belleza natural del negro espacio no era la cubierta de su hogar. “Yo no he nacido para ser el juguete de los demás….”, se decía a sí mismo para no caer en la realidad de su podrida existencia.

Siguió su camino, un camino triste, árido, una línea recta hacia su propia meta, inventada por su subconsciente para no dejar pensar a su corazón, que balbuceaba ritmos de decadencia. Siguió su camino, sin saber dónde le llevaría. Simplemente adelantaba un pie y retrasaba el otro, sin rumbo, si deseos de llegar, sin meta…sin futuro.

De repente se encontró con una total oscuridad en su mente, en el más absoluto vacío emocional….nada a su alrededor, nada en su interior, nada a lo que aferrarse, nada donde cobijarse…

Siguió  caminando y como única compañera la frialdad de las lágrimas que se deslizaban desde sus apagados ojos……Soledad y oscuridad………sus ansiadas asesinas….

Fran Yuste en concierto

Con la mente ya calmada, relajada, despejada de los efluvios de la sabia de la vid, me paro a pensar sobre lo que tuve ayer noche, el placer de contemplar. Desde hace tiempo deseaba asistir a un directo de mi amigo Fran Yuste. Y anoche tuve el grandísimo placer de disfrutarlo. Fue un derroche de desparpajo, maestría, arte y buen gusto. En la línea de lo que este artista nos va a regalar a partir de ahora. Contemplé a un Fran contento, desenvuelto y con ganas de triunfar en su tierra. Rodeado y apoyado por sus amigos incondicionales, que lo apoyaron durante todo el concierto, pude observar como este artista evolucionaba por el tablao del escenario de nuestra Feria de Sanlúcar. Atrás quedaban esos balbuceos, esos pasos tímidos para dar lugar a una foto plasmada sobre un lienzo de actividad, de fuerza y de potencia, que estoy seguro le llevarán a lo más alto. Acompañado por unos profesionales del sonido, de voces y de baile, ví a Fran relajado y asentado en esas tablas del mundo de la música.

Un final apoteósico presentando su nuevo tema Puchero, inmerso en el fuego y la fuerza a la que su corazón latía y que nos transmitió a los presentes. Baile, fuerza en la voz pero mayor fuerza en el sentimiento con el que nos regaló durante su hora de actuación, una hora que quedará grabada en mi retina y ahora en mis palabras.

Me sentía en deuda con mi amigo, y por eso, necesitaba plasmar por escrito lo que sentía después de su gran estreno ya no como artista, sino como persona que ama lo que hace. Y ahora sí, despojado de ataduras que lo ahogaban, surge un nuevo Fran Yuste, fuerte, dinámico y arrasador.

Me quedo con la imagen final, a un artista flanqueado por dos columnas de fuego, que representan su alma y su corazón.

Pisa fuerte, no alejes los pies de las tablas y disfruta con lo que haces porque sé que un día, no muy lejano, tu sueño se hará realidad.

Mucha mierda para este escenario en el que un loco de la vida, un soñador empedernido y un artista hecho a sí mismo, vuelve a renacer de las cenizas del amor que siente por su arte.

GRACIAS MAESTRO……….

Vergüenza de Ser Humano

Normalmente suele esperar hasta que su despertador suena. Le cuesta trabajo levantarse. Pero hoy es distinto. Unos minutos antes de que tenga que sonar lo apaga. Esta mañana es distinta. Se siente relajado y contento, feliz. Piensa en los días que va a pasar con su novia en su pueblo. Un maravilloso lugar costero de Francia, Barfleur. Un lugar idílico a las orillas de la Mancha en Normandía. La conoció hace dos años en unas vacaciones que su empresa le había regalado y a las que siempre les estaría agradecido. Pequeñas casas de color gris, adornadas con el olor del mar y coloreadas por sus coquetos barcos de pesca, anclados a sus faldas.

Conoció a su novia una noche en la que paseaba tranquilamente. Ambos se sentían solos, nostálgicos, atrapados por el embargo de sus sentimientos, por el llanto de sus corazones, por la rabia e impotencia del amor huido y traicionado. Se encontraron y sus miradas, aún llorosas, secaron las penas que les embriagaban. Hablaron, rieron, pasearon y la luna como lucero testigo de su casual encuentro.

Sentado en el borde de su cama, dejaba que su imaginación volara una y otra vez hacia este momento. Las cosas no pasan por que sí, debe existir algo superior que nos conduce hacia un incierto destino, hacia un futuro desconocido, hacia ese lugar donde sólo nuestros sueños pueden adentrarse.

Hoy era el día que se volverían a encontrar después de cuatro meses, desde las pasadas navidades que ella vino a visitarlo a Bruselas. Y hoy, le tocaba a él devolverle el regalo de su presencia, de su encuentro.

Se vistió rápido, cogió su pequeña maleta y se montó en su coche. Que linda mañana, que lindos pensamientos y que lindos recuerdos. Durante el trayecto hacia el aeropuerto, Liam no paraba de pensar en su amor, en esta preciosa persona que el destino había tenido a bien regalarle para su felicidad.

Ella le estaría esperaría en el aeropuerto de Cherbourgo. No podía contener la espera de correr hacia ella y fundirse en ese abrazo que sólo las almas necesitadas de amor se pueden entregar, unir sus labios sin decir palabra, sólo la mirada abrasadora de la separación de todo este tiempo, donde únicamente habían podido saborear la voz lejana y cálida de sus llamadas.

Aparcó su coche y se dirigió hacia la terminal de salida del aeropuerto. Eran las siete y media y su vuelo salía en una hora. Sólo un par de números en la esfera de un reloj, les separaba. Estaba emocionado, feliz, deseoso de llegar y de volver a contemplar los ojos verdes del ser que le había hecho regresar del infierno, del tormento de su pasado y traerlo de nuevo a la vida.

La terminal, como era habitual a esta hora, repleta de viajeros que iban y venían. Parejas, personas de negocios, padres con sus hijos, todo un conglomerado de personas, cada una con sus historias, con sus vidas, con sueños y con experiencias. Pero Liam se sentía el único ser del que brotaba la felicidad a raudales. Seguro que entre todas esas personas no había nadie que se dirigiera a algo tan placentero como el encuentro con su salvadora, con su amor, con su preciosa amada de ojos esperanza.

Mientras esperaba para hacer el check in de su equipaje, se fijó en ese movimiento frenético de personas, como una hilera de hormigas, con un desorden lógico, cada uno hacia su lugar y hacia su destino. Fijó su mirada en una niña pequeña que lloraba tras de él. Se le había caído su teddy, mientras que su madre hablaba por el móvil, Por el tono de su voz, parecía discutir con su interlocutor, se la veía nerviosa y enfadada. ¿Por qué la vida nos hacía pasar los amargos momentos de la ira, del enfado, del odio? Quizás esta persona se había ido de su casa hacia el aeropuerto sin despedirse de su marido, se imaginaba. ¿Por qué no pensaba que esa podía ser la última vez que tuvieran la oportunidad de hablar? No podía imaginar el remordimiento, la tristeza y el desconsuelo de no poder despedirte de tu ser amado.

Nunca caeré en este error. Jamás me iré sin despedirme de ella, jamás saldré de su lado sin una sonrisa o un beso. No podía imaginar lo que sería marcharse con el sentimiento de no haber podido arreglar esa discusión. Nada es tan importante como el bienestar de nuestro corazón y el de nuestra persona amada.

Eran casi las ocho. No podía contener los nervios, estaba deseando llegar ya hacia su dulce destino.

La pequeña que estaba detrás suya en la espera del check in, seguía llorando y su madre aún discutiendo. Se volvió a mira a la pequeña y observó como señalaba con su pequeño dedo hacia su osito que estaba en el suelo, delante de su silla.

Se agachó para recogerlo y devolvérselo. Agachado se acercó a la pequeña y empezó a juguetear con su peluche delante de ella. Ella paró de llorar y una preciosa risita agradeció su atención.

Liam le tendió la mano para darle su osito y la pequeña lo cogió y se lo llevo a su hombro y le acurrucó su carita.

Iba a incorporarse cuando unos gritos le hicieron volver a la realidad. ¿Qué pasaba? ¿Qué estaban diciendo? ¿Por qué gritaban?

Se puso en pie y volvió su cabeza hacia los gritos, justo en el momento en el que una fuerte explosión tuvo lugar. Todo duró un segundo. La deflagración lo expulsó unos metros fuera de su lugar. No podía ver nada, no entendía nada. Recordó a la pequeña con su osito y sólo pudo ver a la madre que yacía en el suelo cubierta de sangre. La sillita tumbada en el suelo junto a él, pero la pequeña había desparecido bajo el techo que se había derrumbado.

No podía moverse y no entendía qué había pasado, qué había sucedido, qué estaba ocurriendo. Durante unos segundos intentó buscarle una explicación a este accidente. Cientos de personas corrían de un lado para otro, gritando, llorando, aterrorizadas. Cuando se estaba dando cuenta de lo que había pasado, volvió a oir otra enorme explosión.

Entonces lo entendió. Los gritos, la explosiones, las muertes….

Tumbado bajo una columna, sin poder moverse sintió la impotencia, la ira, el desconsuelo y la furia hacia unos seres que eran capaces de atentar contra una pequeña que lloraba por su juguete. ¿Dónde estará la pequeña? ¿Por qué ya no la oía llorar? Tengo que ir a buscarla, pensaba. Pero no podía moverse y al instante comprendió el por qué. Sus piernas…..Lentamente fue apagando su vida, sus ilusiones, sus sueños, su futuro…antes de cerrar los ojos, alcanzó con su mano temblorosa el osito de la pequeña….se aferró a él y lo acurrucó en su cuello….No me esperes amor….yo te esperaré….y murió.

En Francia, su amor oyó la noticia y un frío desgarrador heló su corazón. Sus ojos se llenaron de lágrimas y comprendió lo que había sucedido…..Espérame amor.

Vidas rotas, sueños destrozados, ilusiones sesgadas de cuajo, familias destrozadas y desmembradas. ¿Cuánto dolor es capaz de infringir un ser humano para hacerse oír, para imponer sus convicciones, para…..¿para qué? ¿Es que hay algún motivo plausible para esta matanza de seres humanos, para pisotear los derechos de las vidas ajenas, para aplastar los sueños de tantos y tantos inocentes ajenos a la demencia de unos pocos seres sin escrúpulos, ni sentimientos, ni corazón? Es que estos abominables seres no tienen familias, ni hijos? Un perro callejero defenderá el hueso que ha encontrado y luchará pero sin llegar a la muerte de su agresor. Pero estamos hablando de animales, es decir de seres vivos y no de estas mentes inertes, muertos de sentimientos y desechos de corazón.

El único consuelo es que estos títeres del poder asesino jamás serán llevados a ningún paraíso, sino al más eterno y desgarrador infierno que pueda existir….

Como ser humano siento vergüenza de que estas alimañas alguna vez hayan pertenecido a mi raza.

Pasos de libertad

De repente, un movimiento inconsciente provocado por una nueva pesadilla, lo sacó de su esporádico sueño. Abrió los ojos, se incorporó y puso los pies en el suelo. Su mirada, perdida en algún lugar de las mugrientas losas, su mente, en algún recoveco de su penosa memoria y su cuerpo, maltrecho y dolorido, desvanecido por el paso de los segundos.

Por una pequeña oquedad en la pared, al lado de un calendario de hace años, recibía la información sobre la hora aproximada del día o de la noche. Sin ventana, el aire enrarecido le envenenaba los sentidos. Una mezcla pestilente de orín, heces y humedad era su único contacto con la realidad que le rodeaba.

Cuatro paredes desprovistas de cualquier adorno. Una puerta cerrada, un camastro desvencijado, un hueco en el suelo que hacía las veces de retrete y una tenue luz amarillenta que sólo dejaba vislumbrar el sollozo de la soledad y el silencio.

Silencio. El silencio era su único compañero, su único enemigo, el único que le permitía hablar con su conciencia y el peor compañero de sus largas horas de tediosa desesperación.

Siete años…..siete largos años, con sus meses, semanas, días, horas y segundos. Siete años de amargura y desesperación. Siete años en los que su cuerpo y su mente se habían ido hundiendo en la más infinita amargura que un ser humano pueda soportar.

……condenado a la pena capital……Esta frase ya se había convertido en el eco de sus pesadillas. El jurado no lo dudó. Ninguno de sus miembros estuvo en contra. Todos y cada uno de ellos habían encontrado todas las pruebas suficientes para ejecutarlo con la mano inocente de la justicia. Siete años, 8 meses, 6 días y 15 horas llevaba esperando el desenlace final de su condena.

Al principio deseaba que se abriera la puerta y alguien le dijera que estaba libre, que habían encontrado pruebas de que era inocente. Con el paso de los días, lo único que deseaba era salir de allí y recorrer el largo pasillo hacia su final.

Cómo sería ese final, se preguntaba, Se imaginaba una sala fría, con varias personas a su alrededor y una camilla en el centro. Cables que introducirían en sus venas el alimento de la muerte. Todo sería rápido, un único suspiro y el silencio liberador de su pena le inundaría. Ya todo habrá acabado, todo concluiría, su sufrimiento, su soledad, sus pesadillas, su locura…todo acabaría en un instante. Pedía que ese momento llegara…

No hay mayor castigo que la espera, la ignorancia de no saber en qué momento alguien entraría y lo conduciría hacia la libertad.

En su mente, no era capaz de adivinar si era verdaderamente culpable o no. Había sido todo un cúmulo de desafortunadas coincidencias. Una pelea, un bar, un empujón a un desconocido que acaba golpeándose la cabeza….sangre…qué he hecho, qué hice, qué voy a hacer ahora….

Lo encarcelan y lo acusan de asesinato….a partir de ahí…sus recuerdos se pierden, su mente se desvanece y la locura de la impotencia se apodera de sus sentidos.

Ahora, desde su nuevo hogar, desde este lugar donde el silencio te corroe la inteligencia, donde tu única libertad es poder usar tu mente, donde tu peor enemigo eres tú mismo, llora sin lágrimas la lejanía del exterior. Sabe que su único camino hacia la libertad, será recorriendo el pasillo, el corredor de la muerte como lo llaman.

Ilusos…que equivocados los que le asignaron ese calificativo. Es el corredor de la libertad, la autopista hacia su comienzo, el sendero hacia su futura eternidad.

Una llave se desliza por la cerradura de la puerta, una cara desconocida con semblante serio le anima a levantarse. Por fin voy a salir, por fin libre. Camino de la sala del patíbulo, sereno, tranquilo y sonriente acomete su liberación.

Cierra sus ojos y emprende su vuelo. Un segundo antes del final, emite un leve sonido y una sola palabra…..Perdón

“….3, 2, 1 Ignition”

Tras la cuenta atrás, se produjo un estruendo y una llamarada de luz y fuego empujó al cohete hacia el cielo. Lo atravesó dejando tras de sí una estela brillante, mientras las miradas, protegidas tras la pantalla, veían como se perdía en la inmensidad del celeste.

Dentro, su único tripulante, nervioso y aturdido, soportaba la inmensa vibración de los potentes cohetes apostados a los lados de su pequeña cápsula. En pocos minutos, su ventanilla se iba oscureciendo, pasando de un azul intenso a un negro penetrante. Todo se hizo oscuridad.

Emocionado con su viaje, su mente viajó a sus últimos minutos con su familia. Su despedida de su compañera y de su pequeño hijo, con ojos llenos de lágrimas ella, y de admiración él. Abrazos, besos, miedos…sentimientos encontrados bañados con la emoción del viaje que le esperaba.

Meses atrás, le habían comunicado la noticia de que había sido el elegido para esta misión. No era una misión más, sino la misión. Debía viajar a un nuevo planeta donde estudiar la atmósfera para una futura colonización humana, comprobar que  las condiciones eran las adecuadas para la vida.

¿Qué era la vida? ¿Cómo sería comenzar una nueva colonización? ¿Cómo sería esta futura nueva civilización en un planeta desconocido? ¿Cuáles deberían de ser las normas de convivencia para erradicar los errores de la antigua vida en la Tierra?

Todos estos pensamientos explotaban en su mente, sintiendo una abrumadora responsabilidad de ser el primer humano  en habitar este nuevo espacio para la vida.

La vida….qué habíamos hecho los seres humanos con la vida en la Tierra. Se nos había entregado un mundo limpio, en paz, con paisajes idílicos, con mares y ríos desbordando vida. ¿Qué habíamos hecho para convertir nuestra vieja Tierra en un vertedero de desechos, de desperdicios, llenos de nuestras inmundicias, arruinados por nuestra idea de ser dioses, de crear o destruir vidas? Especies perdidas, miles de seres muertos, bosques talados y mares hechos miseria.

¿Acaso el Creador había puesto en este paraíso al ser humano para que destruyera en unos siglos lo que había creado para nosotros con tanto amor y cariño?

Amor….el ser humano había convertido esta palabra en algo sucio, envenenado, corporal. El amor se había convertido en una palabra descarnada de toda pureza, de toda entrega, de toda actitud de ayuda al ser amado. Nuestro creador había insuflado al ser humano con la capacidad de amar, con el fin de que nuestros sentimientos fueran de bondad y sencillez. Y nosotros lo habíamos transformado en el pretexto para hacer de la otra persona, nuestra esclava o nuestro objeto de deseo carnal.

Las peores amenazas contra el ser humano se habían convertido en realidad, y ahora vagábamos por suelos llenos de sangre y dolor, de podredumbre y pestilencia.

Y ante esta situación, los líderes políticos, estos seres auto proclamados dioses, señores de la vida y la muerte, del poder económico, habían reaccionado y decidido que había que empezar de cero. Había que crear un nuevo paraíso donde el hombre volviera a tener la oportunidad de empezar, alejado de todo mal, de toda envidia, de toda vergüenza y de toda mentira.

¿Sería capaz el hombre y la mujer de volver a empezar, de alejarse de la tentación del poder, del rencor y de la maldad? ¿Podrían crear un mundo de amor, carente de corrupción y lleno de paz?

Mientras seguía atravesando la negra extensión del cosmos, su mente dudaba de estas buenas intenciones. No creía que el ser humano pudiera cambiar y volver a empezar. El mal estaba inserto en nuestro adn, en nuestras células, era parte de nuestra vida y nacíamos ya con él. Pensaba en su pequeño hijo, en su inocencia, en su sonrisa, en su imaginación. ¿Por qué no podíamos ser eternos niños? ¿Por qué no podíamos aprender de ellos, en lugar de enseñarles nuestras más abominables maldades? Ellos deberían gobernar el destino de la humanidad, su sencillez debería guiar la redacción de unas nuevas leyes que rigieran el nacimiento del nuevo ser humano.

A medida que se alejaba de nuestro planeta, entendía lo pequeño que era el ser humano y lo grande que se imaginaba ser. ¡Pobres mortales que os creéis el centro del universo, y no sois más que una pequeña mota de polvo en un rincón del universo. Nos crearon como un habitante más de este mundo y nos hemos erigido como los señores del planeta. Pobres insensatos que no comprendéis lo ínfimos que en verdad somos.

Ahora, él era el nuevo Adán que debía comenzar una nueva civilización y preparar el camino para que la futura Eva pudiera comenzar a dar vida en el vacío.

Suculento manjar al que había sido invitado sin esperarlo….¿sería capaz de engendrar la bondad, el amor, la paz, el cariño y el perdón en este nuevo paraíso alejado del vertedero en el que se había convertido el anterior?

¿Por qué debería el ser humano esperar a que este precioso planeta sucumbiera ante la amenaza de sus pobladores? ¿Por qué no podemos recrear ese paraíso en el que habíamos sido alojados? ¿Por qué no empezamos por nuestros vecinos, amigos o familiares y destinamos nuestro odio hacia el fondo del olvido?

Miró una vez más por la ventanilla de su cápsula, un segundo antes de que una explosión lo destruyera a él y a su Arca…..

En la Tierra, reinó el silencio y la consternación…alguien balbuceó en algún canal, “…¿será este desastre, la oportunidad para que veamos que la solución está aquí y en nosotros….?”

Todo…

Pasaban los días, meses, años….puestas de sol y lunas llenas, inviernos y primaveras, gélidos fríos y sofocantes estíos.

Todo tomaba el curso vital en su vida, todo encajaba de nuevo en su lugar correspondiente, la serenidad volvía a su cauce, lento e inexorable. La cotidianidad reaparecía tomando el control de su espontaneidad. El susurro de la ignorancia daba paso al grito esperanzador de la lucidez. Todo acariciaba de nuevo el color de la vida…

¿Todo?

Al mirar hacia su interior, descubría que ese todo no era real, que ese completo estaba inacabado, que esa estabilidad rezumaba opacas siluetas de un final no alcanzado, como si la historia de un libro infundiera a sus lectores la idea de una próxima continuidad, de una segunda parte esencial para dar fin a la primera.

En su mente, reconocía sin saberlo, que el resplandor de aquella historia aún le atormentaba. Como luciérnagas bailando una danza insinuadora, los reflejos de aquella vivencia aún revoloteaban por su ser, haciendo de lo pasado presente y de lo presente, algo absurdo de vivir, inútil de sentir y peligroso de soñar.

Durante años se había auto convencido de que debía encerrar en el arcón del olvido todo ese pasado, toda aquella experiencia y cerrarlo con la llave del desprecio. Pero una y otra vez su corazón hallaba la manera de abrirlo, de extraer cada segundo de aquello, haciendo que su cómoda existencia actual se viera intimidada por su inconsciente vida pasada.

Pero una vez más, alzó su mirada hacia el infinito, hacia el azul del cielo, hacia el más allá de su existencia y de nuevo encontró la paz que aniquilaba el desasosiego, que hundía el dolor y que volvía a encerrar ese trozo de su historia.

Una vez más, recordó que el pasado no se podía imponer a su presente y que ese rencor que sentía hacía él, se desvanecería entre las brumas del amanecer y entre el frescor que precedía al despertar de las estrellas.

Lejos de llenarse de melancolías absurdas, su espíritu, luchador e indomable, logró alzarse con la victoria y una vez más, pudo respirar el tierno aroma del presente y abrazarse al sugerente sabor del futuro.

Ahora si podía decir TODO, porque su TODO de ahora era su NADA del pasado.

¡AHORA, TE CUIDO YO!

Consuelo, empatía, entendimiento, comprensión….nada condonará el abominable vacío de una pérdida tan terrible como la de un hijo. Es una ley que el universo, en su inmenso poder sobre el ser humano, debería conceder…nunca un padre debería ver partir a su hijo. Pero a veces no atiende nuestras peticiones y nos golpea con la fuerza de una andanada justo en nuestra débil línea de flotación. Sin pausa, nos hundimos, nos desgarramos por dentro y la vida deja de tener ese color de esperanza.

El silencio se apodera del progenitor, a su alrededor nada tiene sentido. Rodeado por las condolencias de los allegados, su mirada se eleva hacia el infinito pidiendo despertar de esa pesadilla macabra que el sueño del despierto le ha regalado. Su grito se eleva pidiendo una explicación que pueda acallar esa llamarada de dolor que le invade el alma. Sus ojos, ensangrentados en lágrimas de duelo, miran hacia la puerta suplicando que vuelva, que lo despierten y pueda al fin deshacer la congoja que le para la respiración.

No hay palabra, mirada o acto que pueda arrancar el dolor de la partida inesperada. Ofreces tu vida a cambio de su luz, tu aliento a cambio de su vuelta, tu aire a cambio de su sonrisa.

Cierra sus ojos y viaja por sus recuerdos. Acurruca su cabeza sobre sus rodillas y se olvida del mundo que le rodea y que incomprensiblemente sigue girando. Ahora su única aliada es su memoria, el único compañero, su recuerdo.

Revives ese momento en que te apretó tu mano, ese llanto que se apagaba al verte, ese abrazo que le hacía sentirse el ser más protegido y fuerte del universo, esa sonrisa que te regalaba al ir haciéndose mayor y que te desmantelaba cualquier acusación en su contra, ese papi, sabes cómo es esto? Y como te inventabas algo para parecer el ser más inteligente y fuerte ante sus ojos.

No pierdas la esperanza de ese día en el que os volveréis a encontrar y será ella la que te tenderá la mano para enseñarte a caminar hacia la eternidad. Juntos volveréis a ser padre e hija.

No es un adiós, ni una despedida triste, sino un hasta luego. Espérame como yo te esperaba esas eternas noches a que te durmieras, coge mi alma y acurrúcala como yo hacía para que te durmieras, ábreme tus ojos para que su brillo me haga no temer a la oscuridad y muéstrame tu preciosa sonrisa para que mi corazón se relaje.

Mira al cielo y verás como juega con las nubes, cierra los ojos y siente el frescor del aire como su caricia, toca la hierba y siente el frescor de su tacto angelical. Despierta cada día y siente la vida como la senda que te lleva a ese parque donde ella jugará eternamente y al cual tú también podrás ir para seguir cuidándola.

Descansa en paz del sufrimiento porque ella se ha adelantado para prepararte la entrada a vuestra eternidad

¿?

En nuestras vidas, todo lo ocurrido ha sido por alguna razón, todas las vivencias han pasado por alguna finalidad, todas nuestras actuaciones han sucedido por algún motivo especial. Nada se ha dejado al azar, nada al devenir del paso del tiempo. Todo lo que hemos sentido, ahí queda para nuestros futuros viajes en el tiempo de nuestra conciencia…

Sentado en su lugar preferido de su jardín, su mente viajaba por los entresijos de estos pensamientos. La suave brisa de la mañana, refrescaba su tez curtida por los años y moldeaba su poblada barba ya encanecida por el tiempo y la experiencia. En estos momentos, en los que se dejaba llevar por los recuerdos, es cuando disfrutaba del verdadero sentido de la vida.

Después de tantos años, entendía la verdadera finalidad que conllevó su nacimiento. Ahora veía claro que todo lo que había pasado en sus momentos de alegría, tristeza, furor, soledad y aceptación de sí mismo, había cumplido un fin eficaz e intransferible en su ser.

Entre tantos y variados recuerdos, su mente viajó al instante en que la vida de su primer hijo se abrió camino. Momentos de temor, intranquilidad e inseguridad, a la par que impotencia. Todo unido, le trajo el verdadero sabor de presenciar una vida en sus comienzos. Algo tan pequeño e indefenso que fue capaz de desprenderse de su solitario refugio embrionario, para alumbrar con su llanto, los incrédulos ojos de su padre. Era parte de él, era como un pequeño trozo extraído de su interior para de manera autónoma e independiente, hacerse con el milagro de la vida.

No sabía por qué se había detenido en este momento. Los arbitrarios caminos de nuestros pensamientos y los caprichosos viajes de nuestra mente le trajeron las lágrimas a sus cansados y abatidos ojos. Lágrimas que se deslizaban por sus pómulos para hundirse y perderse entre sus barbas. Miró al cielo y pensó en lo útil que se había sentido, al colaborar en la creación de la vida. Había sido partícipe de engendrar un ser humano, pero no a un individuo cualquiera, sino a un ser creado desde sus células, desde sus sentidos…

Esta situación había hecho cambiar su vida, sus pensamientos y sus intereses. Para bien o para mal, desde ese momento debía olvidarse de sí mismo, abstraerse de sus necesidades en favor de ese pequeño individuo que se aferraba al reloj de la vida que comenzaba a marcar los segundos de su existencia.

Ahora, pensando en él, se sintió orgulloso de haber dado el paso para dejar de ser hombre y convertirse en padre. Y alzando la mirada hacia el jardín, y viéndolos jugar, ahora se vanagloriaba de haberse convertido en abuelo.

Es maravilloso observar como la vida sigue su curso, y que por mucho que nos esforcemos en enturbiarla, la sensación de vivir es lo único que nos anima a vivir.

Este es el verdadero sentido de su venida a este mundo. Ahora entendía que todo lo vivido, todo lo sufrido había sido por una única y verdadera razón, sentir el verdadero significado de la palabra amor.