Sanlúcar

Sentado ante ti descubrí la paz….sentado ante ti vislumbré la serenidad…aquí, sentado ante ti alcancé a hacer real la silueta de la belleza. Te busqué por innumerables parajes y lugares, pero en cada uno de ellos, aun siendo más sorprendentes que los anteriores, no hallaba esa pieza del puzle que completaría el marco de mis sentidos. Ahora, ante ti, encontré esa pequeña pincelada que le faltaba a mi cuadro, ese hueco que no conseguía rellenar con ningún rincón del universo.

Te miro y cumples los deseos de cualquier artista en búsqueda de su obra maestra. Tierra de marinos, campesinos y señoríos a lo largo de toda tu historia. Los más célebres dibujaron con sus palabras tu encanto, los más aventureros se despidieron de ti para descubrir esos nuevos mundos inexplorados, los más avispados surcaron tu entrañas y saciaron la sed del caminante, los más ilustres te convirtieron en su hogar y ahora, yo, el más insignificante de los mortales, anoto en la bitácora de mi vida, la llegada a tu reino.

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Mientras…

Paz, serenidad, relajación, sensualidad…a tu lado el mundo cobra vida, la vida cobra sentido y mis sentidos se unen a los tuyos. Al pensar en ti, se alivia el cansancio, se atenúa el dolor y se abre la esperanza. Al mirarte, tiembla mi mirada, suspiran mis ojos y renace mi ilusión.

Secreto admirador de tu persona, deambulo por este mar de tinieblas, hasta que mi mirada se cruce con el fulgor de la tuya. Mi razón me insiste en que no existes y mi corazón me suplica tu búsqueda. Con paso firme me adentro en lo más íntimo de mi ser para buscar alguna pista en mi pasado, para saber si alguna vez estuviste en él o si por el contrario, eres sólo un deseo exacerbado de mis ilusiones rotas.

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¡Al fin!

Liberado de mis ataduras, desnudo de mis ropajes, sin la esclavitud de la incertidumbre, alejado del hipócrita y sentado con mi soledad.

Adentrándome en las ilusionantes autopistas de mis sueños y encaramado al precipicio de mi imaginación.

Viajo sin equipaje, camino sin calzado y duermo sin lecho. Siento sin añorar y amo sin sufrir. Vuelo sin alas y caigo sin paracaídas. Me alejo sin andar distancia y regreso sin avisar. Me despierto abrazado a mi ilusión y me duermo soñando con mi despertar.

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Blanco corcel

A su edad, temprana para poder considerarla madura, se había visto obligada a sufrir los avatares más negros de la vida. A su edad, libre aún de las ataduras que nos impone el ser adultos, se había visto impregnada de la oscuridad del dolor. A su edad, lejos aún de la esclavitud de la responsabilidad, había vivido el silencio de la madurez. Ya no disfrutaba de la ilusión de soñar, ya no viajaba a lugares inexistentes en la realidad, ya no inventaba historias donde era la protagonista de su propio cuento.

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Moda anti…

El individuo ha entrado en la era de la tecnología…el ser humano ha abierto la puerta del futuro…las criaturas que ocupan la cúspide de la pirámide del raciocinio han sido capaces de hacer llegar nuestros pensamientos, ideas, solicitudes, comportamientos, creencias y vivencias hasta lugares insospechados hace unos siglos.

Ahora no somos capaces de disfrutar el silencio, de extasiarnos con una buena melodía, de cerrar los ojos y sentir el susurro del aire, de derretirnos ante la mirada del otro. No somos capaces de saborear el placer de nuestro cuerpo en contacto con el mundo natural. La soledad en sí, como alejamiento social voluntario, es nuestra mejor defensa contra el virus de la sociedad actual. Sin embargo, necesitamos el beneplácito, el aplauso, el reconocimiento y la vigilancia consentida de nuestros congéneres de hábitat terráqueo.

Estamos tan inmersos en esa red que hemos tejido sobre nuestras vidas que sin ellas, nos sentimos desprotegidos, indefensos, en una palabra abandonados. Redes sociales las llaman. Yo las llamaría trampas sociales, pues manifiestan la oquedad de nuestras mentes.

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Melodía del silencio

Ondas sonoras que llegáis a los rincones de nuestras vidas, deseosas de atraer, incitar, ayudar…ondas sonoras que alcanzáis nuestro universo interior, llenando de sonido nuestros interminables silencios…ondas sonoras que os atrevéis a irrumpir en cada vida particular, creando la necesidad de la relajación, del éxtasis auditivo, del reposo de la vida…ondas sonoras que acumuláis horas de melodías cercanas, conocidas, motivadoras, insultantes a veces….ondas en sí, que buscáis el culmen del encuentro entre el sentido y el deseo….al llegar ese momento del día donde te olvidas del resto de experiencias que te hacen enervarte sin motivo, donde te escondes en tu pequeña y acogedora cueva, cual cavernícola tras un trepidante día de caza….no dejes de volar hasta mis oídos y crear esa sensación sonora de soledad buscada….no olvides que aquí, en mi mente, sólo tú tienes el permiso para adentrarte en lo más profundo de mi energía vital….gracias a vosotros, expertos fundidores de sonidos aleatorios, ordenadamente dispuestos, por regalarme el silencio del mundanal ruido.

©Javier Gómez2018

A través de la tempestad

Tras la tormenta viene la calma…Este es un dicho muy común en los lugares donde la naturaleza no nos muestra su lado más violento, su parte más melancólica. Lugares donde la mayor parte del calendario luce ese astro lejano que nos da el eterno haz de luz.

Cuando la debilidad inunda el espíritu, cuando la oscuridad quiere hacer mella en nuestro interior, cuando el enemigo de la soledad quiere poseerte, es cuando el ser humano tiende a encerrarse en su cárcel de negras paredes y huye sin mirar a su alrededor, sino hacia atrás.

En ese momento es cuando la naturaleza hace su trabajo. Nos devuelve el sentido de la vida, nos regala ese instante donde miras al sol, cierras los ojos y dejas que te inunde su cálida paz. Esa luz llena de vida, vida que te hace plantearte la razón de por qué estás en un lugar llamado universo.

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Ingratitud, Gracias

Si por algo nos caracterizamos los humanos es por nuestra capacidad de reconocer el mérito entregado por los iguales hacia nuestra persona. Y tenemos muchas maneras de demostrar esa aceptación sincera del favor regalado. Creo que la manera más simple pero más llena de sentimientos es la que se encierra en un término compuesto por 7 monemas.

Es increíble que nuestra capacidad de comunicación, nuestro deseo de interrelación, nos haya llevado a crear un sistema de signos capaz de transmitir cualquier sentimiento, deseo o idea. Y en el caso que nos ocupa, estos siete símbolos se han unido para crear la palabra con más carga de sinceridad que posee el mundo racional de los humanos. GRACIAS. En esta palabra englobamos la mayor carga de subjetividad de la que somos capaces de generar tras un estado de satisfacción e ilusión.

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Como si de un crítico se tratara

(Dedicado para mi eterno e incondicional amigo Fran Yuste)

Gitana. Hay algo más castizo, más nuestro, más “jondo” que esa palabra, que resume toda una cultura, toda una vida, toda un historia…todo una bagaje histórico de nuestra idiosincrasia más profunda. Y si a esa palabra, castiza donde las haya, le añadimos un nombre FRAN YUSTE, ya tenemos el “cocktail” más explosivo que podemos preparar.

 Un sanluqueño, sereno, sensato, amigo de sus amigos, entrante y con un amplio recorrido en este mundillo de la música. Un joven que lleva el nombre de nuestra localidad allá donde va, sin escondrijos ni patrañas baratas de nacionalidades atrayentes.

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Pasos de libertad

De repente, un movimiento inconsciente provocado por una nueva pesadilla, lo sacó de su esporádico sueño. Abrió los ojos, se incorporó y puso los pies en el suelo. Su mirada, perdida en algún lugar de las mugrientas losas, su mente, en algún recoveco de su penosa memoria y su cuerpo, maltrecho y dolorido, desvanecido por el paso de los segundos.

Por una pequeña oquedad en la pared, al lado de un calendario de hace años, recibía la información sobre la hora aproximada del día o de la noche. Sin ventanas, el aire enrarecido le envenenaba los sentidos. Una mezcla pestilente de orín, heces y humedad era su único contacto con la realidad que le rodeaba.

Cuatro paredes desprovistas de cualquier adorno. Una puerta cerrada, un camastro desvencijado, un hueco en el suelo que hacía las veces de retrete y una tenue luz amarillenta que sólo dejaba vislumbrar el sollozo de la soledad y el silencio.

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