Ingratitud, Gracias

Si por algo nos caracterizamos los humanos es por nuestra capacidad de reconocer el mérito entregado por los iguales hacia nuestra persona. Y tenemos muchas maneras de demostrar esa aceptación sincera del favor regalado. Creo que la manera más simple pero más llena de sentimientos es la que se encierra en un término compuesto por 7 monemas.

Es increíble que nuestra capacidad de comunicación, nuestro deseo de interrelación, nos haya llevado a crear un sistema de signos capaz de transmitir cualquier sentimiento, deseo o idea. Y en el caso que nos ocupa, estos siete símbolos se han unido para crear la palabra con más carga de sinceridad que posee el mundo racional de los humanos. GRACIAS. En esta palabra englobamos la mayor carga de subjetividad de la que somos capaces de generar tras un estado de satisfacción e ilusión.

Si analizamos en profundidad e individualmente cada uno de las letras de las que está compuesta esta palabra nos encontraremos el verdadero sentido de la palabra en conjunto. Comienza por la grafía g. La letra “g” de generosidad, porque cuando agradecemos estamos siendo generosos con la otra persona, le estamos entregando un reconocimiento totalmente gratuito por su esfuerzo y dedicación a nuestros intereses. ¿Hay algo más lleno de emotividad que la propia generosidad? ¿Hay algo tan humano como el entregar nuestro propio espíritu a cambio de un simple reconocimiento individual? Como se puede observar, con su primera letra, el término Gracias hace honor a su emotividad más intrínseca.

Somos generosos y entregamos nuestro agradecimiento. Pero si el primer monema nos lleva a la base más pura de nuestro interior humano, la segunda nos enlaza con nuestra primera característica que muchos filósofos reconocen como el sine qua non de nuestra idiosincrasia…La razón…hay algo más humano que la capacidad de razonar y si llevamos ese raciocinio hacia el terreno de la generosidad contemplaremos el mapa del sentimiento de una criatura entregada con total voluntad de su propio deseo. Sí, razonamos, no tanto como deberíamos, pero usamos ese don que poseemos para elevarnos en la pirámide de los seres vivos.

Cómo una palabra no va demostrar tanto si sólo con sus dos primeras grafías está denotando ser propia de nuestra herencia humana. Con un GRACIAS, no sólo somos generosos sino que además lo somos y sabemos que lo somos.

Las dos siguientes letras hacen referencia a nuestra capacidad de relación…somos seres individualistas pero con grandes deseos de agrupación. No podemos negar nuestra capacidad de apertura a los demás. Somos islas en busca de su península. Nadie vive por y para sí…a todos nos embarga en algún momento de nuestra breve existencia, el deseo de compartir nuestros sueños, nuestros pensamientos o nuestra inmundicias humanas…por eso la letra “a” de amistad nos lleva hacia el terreno de la socialización y la “c” hacia el medio del conocimiento. Ambos monemas unidos y atrapados por la generosidad y la razón, no pueden más que entroncarnos con nuestra propia sensación del alma humana. Necesitamos de los demás para realizarnos como seres humanos.

El lenguaje se creó como una necesidad de comunicación de nuestro propio valor interior, necesitamos a los demás y los necesitamos de una manera tan enérgica y tan inevitable, que no somos nada sin el otro. La amistad demuestra esta idea de inter necesidad del ser humano y esa unión sentimental nos lleva a querer conocer el interior de ese otro ser que por el que nos sentimos unidos como un imán poderoso atrae a su opuesto.

No cabe duda, somos inteligentes…en mayor o menor grado hemos creado todo un elemento racional y plausible donde nos movemos con fingida soltura…hemos sido capaces de crear todo un mundo virtual donde somos los principales habitantes y dueños del medio. Somos inteligentes y la inteligencia nos lleva a nuestro propio destino  como seres vivos….la “i” una grafía que simboliza el principio y el fin de nosotros mismos…..es una línea que se extendería hacia lo infinito si no fuera por ese punto que la detiene y la hace propia y original…así también somos las personas, nos hacemos originales cuando nos ponemos ese punto sobre nosotros que nos da la otra persona…somos únicos por esa unión con el ser del que dependemos….por lo tanto, que mayor inteligencia que el saber que nuestro propio destino viene marcado por el destino del otro….

Pero como todo lo bueno, para ser reconocido como bueno tiene que tener su opuesto…y esta misma palabra que comienza con un sentimiento tan espléndido como la propia generosidad, acaba con un sentimiento tan humano como la anarquía y la soledad.

La ausencia de todo, el no creer en nada, el no existir de nuestra voluntad, el pensar que todo es posible en un mundo gobernado por nuestras propias miserias, nos hace en la mayoría de las ocasiones decidirnos por irrumpir en los brazos de la individualidad más amarga, de la soledad más oscura y de nuestro propio llanto al reconocernos seres inmundos.

Cuando lo das todo, cuando te entregas incondicionalmente, cuando ayudas al propio crecimiento de los otros, que no lleva a ningún sitio sino al propio crecimiento propio, cuando te vuelcas para entregar lo mejor de ti, no esperas que te regalen el mundo envuelto en precioso lazo de terciopelo azul…lo haces porque tú misma generosidad te ayuda a pensar en alguien más que en ti mismo…pero el propio ser humano te demuestra que si eres y actúas pensando en los demás, serás el paria de tu grupo social, el apestado de tu congregación laboral, serás el indigente de tu propio grupo vital.

Esta es la mayor lacra que contamina lo puro, lo bello, lo existencial de nuestra vida…la ingratitud

Por eso desearía terminar este escrito agradeciendo la ingratitud de esas personas, humanas como yo, que no ven más allá de sus propias miserias, que el único motivo de existencia en sus vidas es la prepotencia y la individualidad…por eso os digo, mis fingidos amigos, GRACIAS por haberme demostrado que mi propia generosidad me ha llevado a mi inevitable soledad.

©Javier Gómez2018

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