Blanco corcel

A su edad, temprana para poder considerarla madura, se había visto obligada a sufrir los avatares más negros de la vida. A su edad, libre aún de las ataduras que nos impone el ser adultos, se había visto impregnada de la oscuridad del dolor. A su edad, lejos aún de la esclavitud de la responsabilidad, había vivido el silencio de la madurez. Ya no disfrutaba de la ilusión de soñar, ya no viajaba a lugares inexistentes en la realidad, ya no inventaba historias donde era la protagonista de su propio cuento.

Su vida tenía matices propios de haber sufrido desde la más tierna edad. Su rostro reflejaba el cansancio de su corta vida. Ya no esperaba príncipes que miraran a sus ojos, ahora irritados del llanto constante por la impotencia que le imponía la masacre de su derrota. Desde la penumbra de su encierro, veía pasar un segundo tras otro, sin ilusión, sin esperanza, sin futuro. No se arrepentía de sus errores, ni buscaba culpables a su alrededor. No pedía el indulto, ni increpaba a su verdugo. No arremetía contra su pasado pero tampoco se asía a su futuro.

Ese caballo blanco al que se había subido, para galopar libre por las inmensas praderas de su ilusión, fue el principio de su inevitable catástrofe personal. Ese consejero al que acudía cada vez que en su entorno más íntimo saltaba la chispa que quemaba sus ilusiones. Fue su decisión, su trágica decisión, que no lamenta pero sí la sufre. Ahora, tras ver deshojada su inocencia, llora amargamente sin lágrimas, sin suspiros, en silencio, a solas. Sobre su mesa, una fina línea blanquecina que la llama con insistencia, como apoderándose de su voluntad.

Sus ojos vencidos por la amargura, sus manos resquebrajadas por la impotencia de su corazón, sus labios secos por la escasez de palabras y su corazón, ahora destrozado, se rinde, se humilla, se arrodilla. Sólo esta vez….pero su alma, ahogada por el incansable hastío de la desolación, estalla en mil pedazos. Ya no habrá otra oportunidad.

Tras el amargor de verse nuevamente vencida, llega la paz, la liberación. Entorna sus ojos y se deja caer. El último suspiro de su destrozada inocencia, vuela hacia la única luz que encontró en su vida….la huida.

©Javier Gómez2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.