A través de la tempestad

Tras la tormenta viene la calma…Este es un dicho muy común en los lugares donde la naturaleza no nos muestra su lado más violento, su parte más melancólica. Lugares donde la mayor parte del calendario luce ese astro lejano que nos da el eterno haz de luz.

Cuando la debilidad inunda el espíritu, cuando la oscuridad quiere hacer mella en nuestro interior, cuando el enemigo de la soledad quiere poseerte, es cuando el ser humano tiende a encerrarse en su cárcel de negras paredes y huye sin mirar a su alrededor, sino hacia atrás.

En ese momento es cuando la naturaleza hace su trabajo. Nos devuelve el sentido de la vida, nos regala ese instante donde miras al sol, cierras los ojos y dejas que te inunde su cálida paz. Esa luz llena de vida, vida que te hace plantearte la razón de por qué estás en un lugar llamado universo.

Así conseguí descubrir la sencillez de mi existencia. No estoy aquí para amasar grandes fortunas basadas en una moneda de cambio que nos esclaviza. No vine a este mundo para establecerme sobre las penurias regaladas de mis congéneres. No fui creado para devolver la bofetada que mi alma recibió en eso que llamamos pasado, y que no es otra cosa que ese rincón de la mente donde se guardan las experiencias que nos enseñan a buscar los atajos para no volver a ellas.

Llegué a este páramo de la Vía Láctea para sembrar mi futuro. Para esparcir la semilla de lo esencialmente verdadero: una nota musical que ensordece al ruido, un pájaro que vence a la ley de la gravedad, una flor que nos recuerda el color de la oscuridad, el viento que ayuda a limpiar la suciedad de nuestro rencor, la lluvia que aclara las manchas de nuestro destino…

Al final entendí, que si estamos aquí, juntos, es por una única misión: enseñar al futuro el valor de la sencillez que emana de la complejidad…

©Javier Gómez2018

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