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En nuestras vidas, todo lo ocurrido ha sido por alguna razón, todas las vivencias han pasado por alguna finalidad, todas nuestras actuaciones han sucedido por algún motivo especial. Nada se ha dejado al azar, nada al devenir del paso del tiempo. Todo lo que hemos sentido, ahí queda para nuestros futuros viajes en el tiempo de nuestra conciencia…

Sentado en su lugar preferido de su jardín, su mente viajaba por los entresijos de estos pensamientos. La suave brisa de la mañana, refrescaba su tez curtida por los años y moldeaba su poblada barba ya encanecida por el tiempo y la experiencia. En estos momentos, en los que se dejaba llevar por los recuerdos, es cuando disfrutaba del verdadero sentido de la vida.

Después de tantos años, entendía la verdadera finalidad que conllevó su nacimiento. Ahora veía claro que todo lo que había pasado en sus momentos de alegría, tristeza, furor, soledad y aceptación de sí mismo, había cumplido un fin eficaz e intransferible en su ser.

Entre tantos y variados recuerdos, su mente viajó al instante en que la vida de su primer hijo se abrió camino. Momentos de temor, intranquilidad e inseguridad, a la par que impotencia. Todo unido, le trajo el verdadero sabor de presenciar una vida en sus comienzos. Algo tan pequeño e indefenso que fue capaz de desprenderse de su solitario refugio embrionario, para alumbrar con su llanto, los incrédulos ojos de su padre. Era parte de él, era como un pequeño trozo extraído de su interior para de manera autónoma e independiente, hacerse con el milagro de la vida.

No sabía por qué se había detenido en este momento. Los arbitrarios caminos de nuestros pensamientos y los caprichosos viajes de nuestra mente le trajeron las lágrimas a sus cansados y abatidos ojos. Lágrimas que se deslizaban por sus pómulos para hundirse y perderse entre sus barbas. Miró al cielo y pensó en lo útil que se había sentido, al colaborar en la creación de la vida. Había sido partícipe de engendrar a un ser humano, pero no a un individuo cualquiera, sino a un ser creado desde sus células, desde sus sentidos…

Esta situación había hecho cambiar su vida, sus pensamientos y sus intereses. Para bien o para mal, desde ese momento debía olvidarse de sí mismo, abstraerse de sus necesidades en favor de ese pequeño individuo que se aferraba al reloj de la vida que comenzaba a marcar los segundos de su existencia.

Ahora, pensando en él, se sintió orgulloso de haber dado el paso para dejar de ser hombre y convertirse en padre. Y alzando la mirada hacia el jardín, y viéndolos jugar, ahora se vanagloriaba de haberse convertido en abuelo.

Es maravilloso observar como la vida sigue su curso, y que por mucho que nos esforcemos en enturbiarla, la sensación de vivir es lo único que nos anima a vivir.

Este es el verdadero sentido de su venida a este mundo. Ahora entendía que todo lo vivido, todo lo sufrido había sido por una única y verdadera razón, sentir el verdadero significado de la palabra amor.

©Javier Gómez2018

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