A menudo me pregunto “¿Cómo se sentirá el ser una persona normal y corriente?” No soy nadie especial simplemente soy otra persona víctima de la sociedad y sus comentarios y expectativas dolientes. Pero mi mente llega hasta lugares con los que pocas personas puedan siquiera soñar con llegar. Noto como poco a poco me hundo a mí misma en una soledad e interiorismo anormales para una persona de mi edad. El negativismo no me deja avanzar y evolucionar como persona y la soberbia me enseña que no tengo por qué hacerlo, que soy una persona maravillosa en mi especialidad y que no me tienen por qué afectar lo que los demás digan de mí. Mi parte realista y herida desterró de mí, ya de por sí, negro corazón, a esa niña con ilusiones que ve el mundo de colores. No quiero cambiar ni lo pienso hacer y no dejaré que las críticas, poco constructivas de las personas que están relacionadas conmigo, me afecten. Pero claramente yo, como todo ser humano, tengo curiosidades y sentimientos, que dejo salir a la luz cuando las murallas de piedra en las que me escondo se derrumban. Yo también me paro a pensar y meditar sobre mi vida y preguntas como “¿cómo se sentirá ser feliz por una vez?” salen a la luz. Si soy sincera conmigo misma, no puedo evitar sentir que molesto a cada persona que pasa por mi lado, que no encajo con ningún grupo en concreto ni con los humanos en general. No soy una persona social, pero tampoco me considero una persona asocial, no me encierro en mis propios sentimientos y a veces los llego a expresar a la persona que en aquel momento tenga más afinidad; pero tampoco dejo que alguien “se acerque” demasiado a mí, ya que pienso que todos me quieren hacer daño y por eso se comportan tan amablemente conmigo. Carezco de empatía a la hora de decir la verdad y a veces puedo llegar a ser hiriente sin querer, o sin darme cuenta. Mi mentalidad madura provoca las críticas de los que no comprenden tecnicismos tan sencillos como “inepto”. “Tengo que ser fuerte” me digo a mí misma una y otra vez, pero por más que me lo repito sin desmayo, no puedo conseguirlo, no tengo fuerzas, ya mi única escapatoria es la muerte, pero soy demasiado cobarde para tomar medidas tan desesperadas, necesito a alguien, a alguien que esté a mi lado, pero mi soledad continúa desde mi niñez, la falta de cariño y la ida de mis seres queridos me han hecho una persona arisca, poco cariñosa y cerrada a cualquiera. Esa es mi vida, a algunos le hará gracia, a otros le conmoverán y a mí…a mi simplemente me hace daño.

E.M.(ALUMNA 3º ESO)